viernes, 22 de febrero de 2013

EL ESPIRITU SANTO








                                            EL ESPIRITU SANTO                                      (6)


Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”. Jn. 16,7


Es el Espíritu Santo para el hombre, el fruto de mi oración, de mi ardiente plegaria; es decir, el grito inefable del amor de mi corazón de Dios hombre, la mayor de mis ternuras en favor del mundo, y sobre todo, de mis sacerdotes. Yo imploré para ellos muy principalmente ese Espíritu santificador que es Luz increada, para que ilumine a mi amada Iglesia y la santifique. C.C. 52,214
El Espíritu Santo es el que vivifica la obra de Dios; iniciada en la Creación, continuada en la Redención, se consumó en el día de Pentecostés.
Y en la Iglesia, el día de Pentecostés no termina jamás; la vida de la Iglesia es un Pentecostés continuado, hasta la consumación de los tiempos. El es el Santificador, el que aplica a nuestras almas los preciosos dones que nos alcanzó Jesucristo con el precio de su Sangre; Él es el que realiza en lo íntimo de nuestro ser ese misterio de santificación, que es la obra más grande de Dios, porque en él está incluida, como divino coronamiento, la gloria del cielo.
S.D. Mons. Luis M. Martínez. “El Santificador” pag. 10
QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO
“Soy el Espíritu de Jesús... (Habito) en el Corazón de Jesús. Cualquiera que ahí entre, tendrá conmigo comunicación, y recibirá celestiales favores. Yo vivo en Jesús, y Jesús en Mí y en el Padre, y no podemos separarnos. Mira: Yo soy como un lazo de luz, que ata al Padre y al Hijo; soy un lazo de amor, del más apretado cariño, que también los ata en uno con tal viveza que vienen a ser uno mismo por el amor, mezclados en el mismo amor que soy Yo... mezclados en la misma Luz que Yo soy... C.C. 6, 71-72
“Yo soy el Espíritu Creador que todo lo fecundizo con mi purísimo aliento. Yo soy la esencia de la Vida y siempre doy, doy, me estoy dando continuamente y en cambio, ¡qué poco recibo!, y al darme me comunico Yo mismo y hago santas a las almas. Eso saco de mis Nidos: espíritus santos, alimentándolos Yo mismo con todas las virtudes y Dones y Frutos. Con esto los alimento, los hermoseo, y los recreo. C.C. 6,105
El Espíritu Santo es el nido de mi Corazón y de la Eucaristía; es el Término del amor, es el lazo de Caridad entre el Padre y el Hijo; el que mezcla a Jesús en las almas, el Invencible, la Fortaleza de Dios, el Consolador, la Luz indeficiente, el corazón de la Iglesia, el que la asiste con su Verdad infalible, el Autor de la gracia, el Divinizador de las almas, y más, mucho más, que tú no puedes imaginar ni entender. C.C. 35,77
Si Dios es Vida es por el amor; si es comunicativo, es por el amor; si es la Bondad por esencia, es por el amor; si es paciente, indulgente, y aun santo, es por el amor, es decir, por el Espíritu Santo. Y todo lo puro, lo bueno y santo que hay y ha habido en la almas en todos los siglos, ha sido sólo una centellita desprendida del Foco eterno del amor. C.C. 40,197
“Yo te amo de la manera con que te pido que me ames tú; es decir, con el Espíritu Santo. Y no podría Yo amar de otra manera por ser Dios. Yo amo a las almas con el mismo amor con que nos amamos el Padre y Yo, con el inefable y purísimo lazo que nos une, que nos inflama, y que nos hace ser Dios.
Sin el Espíritu Santo, no habría Dios, porque no habría amor, y Dios es amor. C.C. 46,302 ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA
Todo lo que ves y lo que no ves, toda la vida, toda la vida interior, todas las gracias y la Iglesia con sus tesoros y sacramentos se debe al Espíritu Santo. Ahí en su Iglesia se ha derramado con toda la efusión de que es capaz como Dios todo caridad, y en ella ha puesto su asiento en la tierra”. C.C. 40,204
EL ESPÍRITU SANTO
A Él, que obró la Encarnación, debía pertenecerle el fruto de ella que es mi Iglesia, y como una atención mía, por decirlo así, al dejar el mundo en mi Ascensión, prometí enviarlo, dándole a Él lo que le correspondía, después de haber cumplido Yo mi expiatoria misión en la tierra.
A Él pertenecía iluminar, dar sentido, inflamar, fortalecer y dar la vida de la gracia. C.C. 40,205
ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN EL ALMA
No hay ocupación, diré, más agradable al Espíritu Santo, que esbozar primero, dibujar, retratar y encarnar al Verbo en las almas, haciéndolas que se santifiquen con la imitación de mis virtudes, enriqueciéndolas después con dones y gracias hasta transformarlas en Mí vivo y palpitante, en otro Yo, en Mí mismo.
C.C. 55,217
“El Espíritu Santo se comunica de muchos modos pero ocultos, íntimos, suavísimos, con el tinte muy especial del amor fecundo que lleva en Sí mismo del Padre.... El papel de ese Santo Espíritu es divino, íntimo, y poco exteriorizado. Él se infiltra muy quedamente, muy secretamente en las almas, derramando en ellas, y haciendo en ellas por la gracia, admirables maravillas con la fecundación del Padre. Él no se aparta de un alma en gracia, sino que sin descanso se da, y de día y de noche trabaja en ella, acrecentando los grados de gracia, y su transformación en Mí. C.C. 55,254
ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN EL MUNDO
Se buscan en general, otros medios para detener la impiedad, para conservar la fe, sostener las inteligencias maleadas por la corriente de tantas sectas y errores, y se descuida el medio principal y único, el foco de todo lo recto y santo, el que tiene poder para iluminar todas las falsedades y errores de la razón, siendo la misma Sabiduría, la Luz de la ciencia verdadera, el Espíritu de Verdad, el único que puede comunicar a Jesucristo, y delinearlo en las almas, dando testimonio del Verbo. C.C. 35,74
Ámalo y hazlo amar, que su reinado me ganará millones de almas antes de la conclusión de los tiempos. Los dos espíritus lucharán, triunfando el Santo, y ha comenzado la lucha; será cruel, será encarnizada en mi Iglesia, pero como el Espíritu Santo la asiste ella triunfará arrancando millones de almas al infierno.
Esta lucha además de exterior, será interna en la Iglesia, en las comunidades (campo favorito de Satanás), y en las almas. Por eso viene el Espíritu Santo con toda su fuerza a asistir, a desplegar sus alas, a combatir y a ostentar su victoria.
Será la última lucha del mundo, pero tremenda, y hay que cogerse firme de la fe, de la esperanza, del amor, del Espíritu Santo. C.C. 40,205
¡Oh hija mía! (decía mi Jesús muy entusiasmado) no pierdan el tiempo, que mucho Satanás ha ocupado el campo; pero huirá ese espíritu de las tinieblas, al venir la luz del Espíritu Santo, y con ella, el amor al Verbo y a la Cruz”. C.C. 41,304
EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA
Por María, se va al Espíritu Santo: es éste, el más suave y seguro medio para que Él venga a reinar en los corazones. C.C. 35,76
Dos son los santificadores esenciales de las almas: el Espíritu Santo y la Virgen María porque son los únicos que pueden reproducir a Cristo. De distinta manera, sin duda, santifican el Espíritu Santo y María: el primero es Santificador por esencia, porque es Dios, santidad infinita, porque es el Amor personal que consuma, por decirlo así, la santidad de Dios. La Virgen María es tan sólo cooperadora, instrumento indispensable en los designios de Dios.
Y es esa acción del Espíritu Santo y esa cooperación de la Santísima Virgen María algo constante, pues sin ellas no se traza un solo rasgo de Jesús en las almas, ninguna virtud crece, ningún vínculo de unión con Dios se estrecha en el rico florecimiento de la vida espiritual.
S.D. Mons. Luis M. Martínez. “El Espíritu Santo” pags. 16-17
...Ahora, que va a renacer el reinado del Espíritu Santo, como en un nuevo Pentecostés, saldrá María a relucir, saldrá a la luz esta Esposa amadísima, para que se canten sus glorias a la par que las de ese Divino Espíritu, y a continuar siendo instrumento de las operaciones de gracias, extraordinarias por su abundancia, con que va a derramarse sobre el mundo.
Una reacción poderosa espera a la tierra por estos dos medios, el Espíritu Santo y María.
C.C. 41, 303 

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